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El cambio climático y el consumo de electricidad en España

El calor nos afecta y afecta también a la economía. Debido al paulatino incremento de temperaturas debido al cambio climático, los científicos auguran más calor durante periodos más prolongados del año. 

"En la actualidad hay abundantes pruebas que evidencian que cuando hace calor empeora la calidad del aire, la gente está más estresada y se muestra más agresiva, violenta y menos productiva. Las tasas de mortalidad y de criminalidad aumentan. Todos los sectores de la economía se ven afectados por el estrés térmico: el residencial, el comercial, el agrícola y el industrial", señala Max Auffhammer, investigador de la Universidad de California Berkeley y coautor de un estudio internacional que ha calculado el impacto que el cambio climático tendrá en el consumo energético en 35 países europeos.

Y es que, como añade el científico, "el principal mecanismo de adaptación del que disponen los humanos para combatir las altas temperaturas es refrigerar el interior de los edificios, lo que en la mayoría de las ocasiones requiere consumir cantidades significativas de electricidad".

Según este estudio realizado por investigadores estadounidenses y alemanes y publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences(PNAS), el aumento de temperaturas debido a las emisiones de gases de efecto invernadero va a cambiar los patrones de consumo de electricidad en Europa. Los picos diarios en el sur del continente probablemente aumentarán, y la mayoría de países experimentarán cambios en sus picos de demanda de electricidad desde el invierno hasta el verano a finales de siglo, lo que, según destacan los autores, supondrá un reto adicional para las redes eléctricas. 

Los científicos vieron cómo la respuesta a los cambios en las temperaturas era similar a lo largo de toda Europa. La cantidad de electricidad usada es más pequeña en los días en los que la temperatura máxima es de unos 22ºC y aumenta cuando ese máximo se incrementa o baja. "Usamos esa característica común como base para estimar el futuro consumo eléctrico considerando los efectos del cambio climático", señala Leonie Wenz, autora principal de este trabajo y científica del Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Potsdam, en Alemania. 

España, el futuro de los países del norte

Los países europeos que, como España, ya están experimentando altas temperaturas sirven como ejemplo para dibujar el futuro de los países que aún hoy son fríos, dice Leonie Wenz. "España se encuentra entre los países que más incrementará tanto su pico diario como su consumo global de electricidad a finales de siglo. La estimación es de entre un 5 y un 6% más si continúan aumentando sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero", detalla a EL MUNDO Wenz.

No obstante, la investigadora señala que los efectos serán menores a medio plazo y también si se ponen en marcha medidas ambiciosas para mitigar esas emisiones contaminantes. 

Y si las temperaturas suben, ¿no compensará el menor consumo de calefacciones eléctricas el aumento del uso del aire acondicionado? "Los datos obtenidos con nuestras observaciones sólo nos muestran si la demanda de electricidad era alta o baja en un día en concreto, pero no nos dicen qué uso se hizo de esa electricidad. En los días fríos, esa electricidad ha podido ser consumida para la calefacción (especialmente en los países europeos en los que la electricidad es una fuente energética importante para calentarse) pero también podría haberse usado por ejemplo, para iluminación o dispositivos de entretenimiento", apunta Leonie Wenz a través de un correo electrónico.

"Hace unas pocas décadas, ningún coche ordinario en Europa tenía aire acondicionado, y hoy cuentan con él la mayoría de ellos. Lo mismo ocurrirá probablemente con los edificios de Europa, pero no por comodidad sino porque será necesario. La gente necesitará refrigerar su entorno para poder llevar a cabo sus actividades diarias y ser productivos", apunta por su parte Anders Levermann, investigador de la Universidad de Columbia, en EEUU, y coautor del estudio. 

Europa, añade, tendrá que adaptar sus infraestructuras eléctricas de almacenamiento de energía para poder hacer frente a los cambios en la demanda eléctrica y almacenar energía.

No obstante, los científicos que lideran este estudio subrayan que "la forma más sencilla de limitar los impactos del cambio climático es cumplir con el Acuerdo de París" con el objetivo de limitar a dos grados centígrados el aumento de la temperatura media global a finales de siglo.

El impacto en la salud

"Vamos hacia un clima extremo. Madrid se parecerá a Las Vegas y Sevilla, a algunas zonas de Marruecos", señala por teléfono Julio Díaz Jiménez, jefe de Área del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III, citando proyecciones de la organización Climate Central

"El calor agrava patologías de base, pero muy pocas veces provoca la muerte directa. Por ejemplo, personas, sobre todo ancianos, que tengan un problema cardiovascular o una enfermedad respiratoria pueden morir porque se agrava su situación". Como ejemplo pone el año 2003: "Debido a la ola de calor hubo un exceso de mortalidad de 6.600 personas, pero por el golpe de calor murieron 140 personas", precisa Díaz, en cuyo centro llevan a cabo investigaciones sobre el impacto del clima en la salud. 

"Hay numerosos estudios, tanto en España como en otros países que concluyen que durante las olas de calor aumenta la mortalidad", coincide Xavier Basagaña, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación Bancaria La Caixa. "En Cataluña hemos cuantificado que en los días de ola de calor puede aumentar la mortalidad diaria hasta un 20%", detalla. 

Planes de prevención

"En España, durante la última década ya estamos notando que tenemos años más calurosos. El escenario más extremo para nuestro país que prevé el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indica que la temperatura media anual aumentará cuatro grados. Pero si miramos sólo al verano, puede llegar a seis grados. Obviamente tiene mucho sentido que esto vaya acompañado de un aumento del consumo de electricidad, sobre todo por sistemas de refrigeración", añade el investigador de ISGlobal.

Los estudios realizados por el equipo que lidera Julio Díaz, por su parte, muestran que "los planes de prevención puestos en marcha en los últimos años en España están funcionando". "La gente tiene interiorizado que el calor puede matar y no se expone tanto. Nosotros hemos comparado lo que ocurrió entre 1987 y 2000, y entre 2000 y 2010, cuando se habían puesto en marcha esos planes, y hemos visto que el impacto del calor ha disminuido en Madrid. Se ha reducido la mortalidad en todos los grupos menos en el de 18 a 45 años, quizás porque la gente tiene que exponerse al calor por su trabajo o porque sigue haciendo deporte a las horas de más calor", relata.

Asimismo, el investigador del Instituto de Salud Carlos III echa en falta que, al igual que ocurre cuando hay olas de calor, se pongan en marcha también planes de prevención cuando se produzcan olas de frío. "La mortalidad atribuible al frío no ha bajado. Tenemos un estudio que nos dice que cada día con ola de calor en España mueren en torno a tres personas por esta causa, pero por ola de frío la cifra es de 3,5. Es decir, el impacto del frío es superior al del calor, aunque su efecto sea menos llamativo o quede diluido". Y es que, según detalla, "el efecto del calor es inmediato, a los dos o tres días comienza a morir la gente", mientras que las muertes por las bajas temperaturas suele ocurrir entre 8 y 15 después del pico de frío.

Por todo ello, Díaz considera imprescindible interpretar con cautela los estudios que hacen predicciones sobre los efectos del cambio climático debido a sus limitaciones: "Estas proyecciones no prevén los procesos de adaptación, lo que los americanos llaman la cultura del calor", afirma.

Tres posibles escenarios

Uno de esos estudios cuyas conclusiones, según Díaz, hay que tomar con precaución porque no prevén esos procesos de adaptación ha sido publicado el pasado julio en la revista Environmental Research and Public Health. La investigación, realizada en colaboración con técnicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace una estimación de lo que ocurrirá en Europa en 2100 distinguiendo tres futuros escenarios. 

"El primero contempla que seamos capaces de adoptar todas las medidas necesarias para que la temperatura global no suba ni un grado, aunque esto es ya inviable porque con la acumulación de calor que hay ya tenemos garantizado una subida de un grado o de un grado y medio. En este escenario "la mortalidad atribuible al calor en Europa sería de 16.000 personas al año, y en España, de 1.600 personas", relata Díaz.

El segundo escenario que recoge el estudio sería el intermedio, y en él se habrían adoptado medidas para que el cambio climático no tenga un efecto dramático y la temperatura global no suba más de dos grados. "Con esas emisiones moderadas, morirían en Europa 46.000 personas al año debido al calor y en España, unas 8.000", afirma.

Por último, en el tercer escenario, "el más probable en la actualidad teniendo en cuenta lo que está ocurriendo y la actitud del Gobierno de EEUU, no tomamos ninguna medida de prevención" y morirían 117.000 personas anualmente en Europa. En nuestro país la estimación es de 19.000.

"Mi percepción es que esta cifra de fallecimientos extras atribuibles al calor está sobrevalorada. Creo que serán bastantes menos, pues no todo se puede controlar y en estas estimaciones hay muchas incertidumbres", señala Díaz, que considera "que estamos saturando a la población con información negativa". 

Por otra parte, recuerda Xavier Basagaña, "hay diversos estudios que muestran que en las áreas con aire acondicionado el aumento de la mortalidad es menor, pero también tiene un efecto perverso: aumenta la necesidad de energía y acaban aumentando las emisiones que son las que causan este problema", afirma . Por ello, propone implantar otras medidas para mitigar el calor en las ciudades que permitan además proteger a los ciudadanos que no puedan hacer frente a altas facturas de electricidad. Entre ellas, "un mejor diseño urbano, usar materiales de construcción que no acumulen tanto el calor e intentar crear más zonas verdes".

Fuente: Elmundo.es

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