El nuevo Reglamento Europeo de Envases empieza a aplicarse en agosto: estos son los cambios que notará el consumidor
La norma limitará el sobreenvasado, impulsará los recipientes reutilizables y acabará con determinados formatos de un solo uso, aunque muchas de las medidas más visibles llegarán de forma gradual hasta 2030
Comprar por internet y recibir un objeto pequeño dentro de una caja enorme, acumular sobres individuales de salsa en un restaurante o encontrar varios minibotes de gel y champú en una habitación de hotel serán situaciones cada vez menos habituales en la Unión Europea.
El próximo 12 de agosto de 2026 comienza a aplicarse con carácter general el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases, conocido por sus siglas en inglés como PPWR. La norma afecta a todos los envases comercializados en la Unión Europea, independientemente del material utilizado, de su procedencia o de que se vendan vacíos o conteniendo un producto.
El reglamento no entra técnicamente en vigor este agosto. Lo hizo el 11 de febrero de 2025, pero estableció un periodo de adaptación de 18 meses. Lo que sucede ahora es que comienzan a aplicarse sus disposiciones generales, mientras que otras obligaciones se desplegarán en 2027, 2028, 2029 o 2030.
Qué cambia realmente el 12 de agosto
La llegada de la fecha no provocará que desaparezcan inmediatamente determinados envases de los supermercados ni obligará a los consumidores a tirar los productos que ya tengan en casa.
Desde el 12 de agosto, el reglamento se convierte en el marco común para diseñar, fabricar, etiquetar y gestionar los envases en toda la Unión Europea. Entre sus principios generales figura que los nuevos envases puestos en el mercado sean reciclables, que su peso y volumen se reduzcan al mínimo necesario y que se limite la presencia de sustancias preocupantes.
Una de las primeras medidas concretas afecta a los PFAS, conocidos como “químicos eternos”, en los envases que entran en contacto con alimentos. Los productos introducidos en el mercado después del 12 de agosto deberán respetar los límites fijados por el reglamento. Los envases comercializados antes de esa fecha podrán seguir vendiéndose y no tendrán que ser retirados únicamente por este motivo.
No desaparecerán de golpe los envases actuales
El consumidor continuará viendo durante un tiempo cajas, botellas, bandejas y envoltorios fabricados bajo las reglas anteriores. La norma distingue entre la puesta en el mercado de un producto y su posterior venta, por lo que las existencias legales podrán continuar circulando.
Tampoco habrá un cambio inmediato en los contenedores domésticos. La Comisión Europea asegura que el reglamento no exige añadir nuevos cubos en los hogares. El objetivo es introducir progresivamente etiquetas comunes y más claras que indiquen dónde debe depositarse cada envase y faciliten la separación de residuos también cuando una persona viaje a otro país de la Unión.
El etiquetado armonizado no aparecerá necesariamente en todos los productos desde agosto. Su implantación dependerá de actos técnicos posteriores y de los periodos concedidos a las empresas para adaptar sus diseños.
Llevar el propio recipiente para la comida preparada
Uno de los cambios más visibles llegará a los restaurantes, cafeterías y establecimientos que venden comida o bebida para llevar.
Durante 2027 deberán permitir que el cliente entregue su propio recipiente, siempre que sea adecuado e higiénico, sin cobrarle un suplemento por utilizarlo. Un consumidor podrá, por ejemplo, llevar su vaso reutilizable para pedir café o un recipiente propio para recoger comida preparada.
En 2028, estos establecimientos deberán ofrecer además una alternativa en envase reutilizable que no resulte más cara que la opción desechable. La regulación no elimina por completo los recipientes de un solo uso, pero pretende que el consumidor tenga una opción reutilizable accesible.
Los sistemas reutilizables tendrán que cumplir las mismas exigencias sanitarias y de seguridad alimentaria que cualquier otro recipiente. Deberán poder vaciarse, limpiarse y rellenarse repetidamente sin poner en riesgo el producto que contienen.
Adiós a las cajas desproporcionadas de las compras por internet
El reglamento también se dirige contra el sobreenvasado. A partir de 2030, las cajas utilizadas para comercio electrónico, transporte y agrupación de productos no podrán tener, como regla general, más de un 50 % de espacio vacío.
Para calcularlo se tendrá en cuenta también el material de relleno, como plástico de burbujas, papel, espuma o virutas. La intención es evitar que un producto pequeño viaje dentro de un paquete varias veces mayor de lo necesario, siempre que se mantenga la protección durante el transporte.
En la práctica, el consumidor debería recibir cajas más ajustadas al tamaño real de su pedido y encontrar menos material de relleno. La Comisión sostiene que reducir el volumen puede disminuir el uso de materias primas y permitir transportar más pedidos en un mismo vehículo.
Los envases de un solo uso que se limitarán desde 2030
La norma fija el 1 de enero de 2030 como fecha para prohibir determinados formatos considerados innecesarios cuando existan alternativas adecuadas.
Entre ellos se encuentran algunos envases de plástico de un solo uso para frutas y verduras frescas sin procesar, especialmente las presentaciones inferiores a 1,5 kilos, aunque podrán establecerse excepciones para evitar pérdidas de agua, daños o riesgos higiénicos.
También se restringirán los envases individuales utilizados para alimentos y bebidas consumidos dentro de restaurantes y cafeterías, así como determinadas monodosis de condimentos, salsas, azúcar o leche para café. Habrá excepciones, por ejemplo, cuando sean necesarias por razones de higiene, para comida para llevar o en centros sanitarios.
Los hoteles tendrán que abandonar los pequeños envases individuales de productos de aseo, como los tradicionales minibotes de champú, gel o crema corporal. Podrán sustituirlos por dispensadores rellenables u otros formatos que generen menos residuos.
También se limitarán las bolsas de plástico extremadamente finas, de menos de 15 micras, salvo cuando sean necesarias por motivos higiénicos o para proteger alimentos vendidos a granel y evitar su desperdicio.
Botellas y latas: el objetivo de recoger nueve de cada diez
Los Estados miembros deberán conseguir que en 2029 se recoja separadamente al menos el 90 % de las botellas de plástico y latas metálicas de bebidas de un solo uso incluidas en la norma.
Cuando un país no pueda alcanzar esa cifra mediante sus sistemas habituales, tendrá que establecer un sistema de depósito, devolución y retorno. En estos modelos, el consumidor paga una pequeña cantidad adicional al comprar la bebida y la recupera cuando entrega el envase vacío.
La norma europea no significa por sí sola que todos los establecimientos españoles vayan a cobrar un depósito desde agosto. La implantación concreta dependerá del nivel de recogida alcanzado y de las decisiones que adopten las autoridades nacionales.
Envases reciclables y más plástico reciclado
El objetivo europeo es que en 2030 todos los envases comercializados puedan reciclarse de una forma económicamente viable. Los fabricantes tendrán que diseñarlos para facilitar la separación de materiales y evitar combinaciones que dificulten su tratamiento.
Los envases de plástico también deberán incorporar porcentajes mínimos de material reciclado, con exigencias distintas según el tipo de producto y objetivos crecientes para 2030 y 2040. No significa que todos deban estar fabricados íntegramente con plástico reciclado, sino que tendrán que incluir una proporción mínima establecida legalmente.
La Unión Europea se ha marcado además reducir la cantidad de residuos de envases generada por habitante un 5 % en 2030, un 10 % en 2035 y un 15 % en 2040, tomando como referencia los niveles de 2018.
¿Subirán los precios?
La norma no garantiza que los productos vayan a abaratarse. Las empresas tendrán que asumir costes para rediseñar envases, adaptar fábricas, introducir materiales reciclados y organizar sistemas de reutilización.
La Comisión Europea sostiene que la armonización de las reglas puede generar ahorros a medio plazo, ya que una empresa podrá utilizar envases compatibles con todos los países de la Unión y reducir costes de material y transporte. No obstante, que esos ahorros terminen trasladándose al precio final dependerá de cada sector y de las decisiones comerciales de las empresas.
Qué tendrá que hacer el consumidor
A corto plazo, el ciudadano no tendrá que realizar ningún trámite ni cambiar de inmediato su forma de reciclar. Las modificaciones se irán percibiendo gradualmente en los lineales, los pedidos por internet, los establecimientos de comida para llevar y los alojamientos turísticos.
En los próximos años será más habitual encontrar envases pequeños y ajustados, símbolos comunes de reciclaje, recipientes reutilizables y establecimientos que acepten vasos o táperes llevados desde casa.
El cambio, por tanto, no se producirá de un día para otro el 12 de agosto. Esa fecha inicia una transición que pretende transformar el modo en que los productos se envasan, se transportan, se consumen y finalmente se convierten en residuos.
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